Cuando la luz se convierte en Hogar: Silvia Franchini para What’s in a lamp?
Para Silvia Franchini, la creatividad “es como una avalancha: basta una pequeña presión y luego todo corre”. Así, cuando se encontró con las lámparas de Foscarini y a primera vista se le encendió un imaginario hecho de lunas, eclipses y sistemas solares, la narración de sus láminas para What’s in a Lamp? comenzó a cobrar vida.
Las ilustraciones de Silvia son pequeños mundos habitados: historias en las que, como si fueran piezas musicales, se superponen fondos, texturas, toques de color e incluso palabras, y donde es el conjunto el que comunica ritmo y sentido.
Para Foscarini, Silvia ha interpretado seis lámparas como cuerpos celestes: presencias luminosas que, al caer el sol, se convierten en pequeños soles domésticos. Bajo su luz, y gracias a ella, nacen historias, pasiones y esos momentos de mágica suspensión que se experimentan cuando uno se siente realmente bien haciendo algo: dibujar, leer, tocar música, jugar o simplemente comer con amigos.
Esos momentos en los que la luz deja de ser un mueble y se convierte en Hogar.


Has interpretado las lámparas de Foscarini como cuerpos celestes. ¿Cómo se te ocurrió esta idea?
A partir de la observación de las lámparas. Porque muchas, a primera vista, me remitieron a un imaginario celeste: lunas, eclipses, sistemas solares. Ideas que luego, efectivamente, entraron en el proyecto. Hoba, por ejemplo, me recordó enseguida a una luna o a un meteorito; Anoor, a un eclipse total con la luz del sol asomando por detrás de una luna llena. El simple hecho de leer los nombres de muchas lámparas y estudiar el catálogo ya me sugirió una dirección: Nuee, Satelight, Solar, Sun – Light of Love, Supernova, Asteria… Me transportaron a una raíz cósmica y a un imaginario nocturno y estelar.
¿Qué historia cuentan las ilustraciones que has realizado para What’s in a lamp?
El concepto se basa en la idea de interpretar las lámparas como cuerpos celestes, presencias luminosas que, al caer el sol, asumen el papel de pequeños soles domésticos. Me gustaba la idea de la luz artificial como elemento generativo: que ilumina el espacio pero, sobre todo, crea mundos, altera las proporciones y abre escenarios imaginarios dentro de la cotidianidad. También quise contar una historia que une casas y pasiones, con la lámpara como amplificador narrativo. La idea de la pasión como motor capaz de llevarte hacia una dimensión nueva encajaba muy bien con la de las lámparas como cuerpos celestes. El resultado intenta recordar ese momento de total abstracción que se siente cuando uno se encuentra a gusto haciendo algo: dibujar, tocar un instrumento, jugar o comer con amigos. El mundo alrededor muta, cambia, se vuelve hospitalario y suspendido. El tiempo se dilata, el espacio se transforma. Por decirlo con una canción, he intentado contar un poco de “cielos en una habitación”.
¿Cómo se hace nacer una historia a partir de un objeto, un espacio, una situación?
Encontrando un asidero para la creatividad: en mi caso fue precisamente esa semejanza con los cuerpos celestes. Para mí, la creatividad se parece un poco a una avalancha: basta una pequeña presión y luego todo corre, a veces rapidísimo, y las cosas encuentran su lugar. Mis proyectos nacen un poco así; sobre todo cuando son libres y creativos, me desbordan.
¿Evocar más que explicar es siempre el punto de partida adecuado para contar una historia?
No hay una respuesta sencilla a esta pregunta. Para mí, evocar es un componente fundamental, sobre todo como punto de partida, porque creo que quien mira una ilustración necesita reconocerse en algo. Cuando se cuenta una historia, recordar una sensación —evocarla, precisamente— es fundamental. Después de eso, explicar bien la narración también es importante: si la evocación no tiene una base clara, no cumple correctamente su función. En mi trayectoria creativa me he topado a menudo con la dificultad de no haber sabido contar con claridad lo que ocurre en una lámina, y he trabajado mucho para que mi forma de ilustrar sea más legible. Por lo que yo diría que son dos pies que caminan hacia una misma dirección y siempre debe haber equilibrio entre ambos.
En general, ¿cómo nacen los conceptos de tus proyectos?
En primer lugar, mirando mucho a mi alrededor, buscando inspiración en otras formas de expresión: ilustraciones, cuadros, poesías y, a menudo, escuchando música. Y luego, haciendo espacio mental y apuntando textos que nunca, o casi nunca, tienen un sentido lógico. Son más bien sugerencias, conjuntos de palabras, estímulos o listas que luego reubico dentro de un proyecto, intentando poner orden.
¿Y cómo se transforman después en ilustraciones?
Las láminas propiamente dichas nacen siempre de esas palabras: empiezo escribiendo algunas frases clave y descripciones vagas. Por ejemplo, la lámina de Sun – Light of Love nació de: “SUN – LIGHT OF LOVE = MOMENTO ÍNTIMO NOCHE CIGARRILLO VENTANA RESPIRA”. Luego empiezo con el boceto intentando mantener la fidelidad a mi intención (a veces teniendo que tomarme unos minutos para descifrarla mejor). Y voy avanzando así.
¿Cuándo sientes que una ilustración funciona de verdad?
Cuando, al volver a mirarla después de unas horas, no cambiaría nada (es rarísimo que ocurra, pero a veces pasa).
¿Cómo describirías tu trabajo a alguien que no lo puede ver?
Mi forma de construir las imágenes en mi mente suele tener una raíz muy similar a la de la música, así que me lanzo con una analogía. En una canción conviven simultáneamente muchos sonidos e instrumentos; en mis ilustraciones ocurre algo parecido. Hay fondos y texturas que funcionan como una línea de bajo o un sonido ambiental de fondo; luego hay toques de color, trazos repetidos y elementos gráficos que regresan en distintas partes de la imagen, creando un ritmo. Los personajes —a menudo vestidos de forma colorida, a veces un poco bizarra— habitan la escena y construyen la narración como si fuera una melodía. Y a menudo también aparecen frases: al fin y al cabo, al igual que en las canciones, en mis imágenes el texto puede convertirse en parte de la composición. Por último, diría que el color es un componente fundamental de mi trabajo: mis ilustraciones son intensas, estratificadas y maximalistas.
Utilizas técnicas tradicionales y digitales. ¿Cuáles son y qué papel tiene el entorno digital en tu proceso creativo?
En realidad, realizo mis ilustraciones al 90 % en digital. El único componente tradicional de mi trabajo está constituido por papeles y texturas con cuerpo que de vez en cuando me doy el lujo de realizar con técnicas variadas: acrílicos, collage, garabatos pero, sobre todo, monotipos. Después digitalizo y reutilizo esas mismas texturas, reelaboradas para cambiar su color o estructura, en muchísimos trabajos. El entorno digital ha sido una verdadera revolución para mí: a pesar de que el error a menudo puede convertirse en el eje de la creatividad, para mí era un límite enorme. Al dibujar en digital puedo equivocarme mil veces y volver sobre mis pasos, cambiar colores, espacios, dimensiones. De este modo, la realización de mis láminas se llena de una experimentación constante.
Tus imágenes parecen construirse sobre la superposición de capas: ¿es una elección estética o narrativa?
No hay un razonamiento especialmente racional detrás de algunas de mis decisiones estilísticas o compositivas. Hay algo que me mueve desde dentro, de manera casi inconsciente, a la hora de estructurar mis imágenes; es un proceso muy instintivo. Esta superposición constante, que aprecio mucho, creo que refleja un poco mi forma de pensar. A veces es un puro capricho estilístico, otras veces se convierte en una estratagema narrativa, especialmente cuando tengo que describir algo complejo a través de mis imágenes. Al final, creo que representa un poco mi forma tan estratificada de ver las cosas: soy una persona reflexiva e introspectiva, algunos dirían que una “overthinker”, y mis ilustraciones sufren este exceso de pensamiento y lo plasman de forma visual y estratificada, lógicamente cuando el tema, el personaje y la lectura de la imagen lo permiten.
¿Cómo te convertiste en ilustradora? ¿Cuál fue tu camino?
Fui al bachillerato artístico en Módena, después de lo cual deambulé por las academias de Venecia y Bolonia y, tras licenciarme en grabado, empecé a estudiar ilustración en la academia de Florencia. Estudiar en Florencia fue profundamente formativo para mí, allí comprendí que efectivamente quería dedicarme a esto en la vida, aunque no lo parezca ya que dejé los estudios para ir a trabajar a un taller de grabado justo antes de graduarme. Sin embargo, al final las pasiones encuentran su camino y, precisamente mientras trabajaba allí, empecé a realizar mis primeros proyectos como ilustradora. No obstante, la experiencia como impresora me enriqueció muchísimo, tanto porque me enseñó destreza manual, técnica y disciplina, como porque precisamente en ese caso comprendí que para mí era más importante crear imágenes que reproducir e imprimir las de otros.
¿Qué es para ti la creatividad?
Es encontrar la manera de abrir siempre la misma puerta, pero cada vez con una llave diferente.
Descubre la colaboración con Silvia Franchini y la serie completa en el canal de Instagram @foscarinilamps, y explora todas las interpretaciones del proyecto What’s in a Lamp?, donde artistas internacionales son invitados a interpretar libremente la luz y las colecciones de Foscarini.